Durante muchos años asociamos la actividad física principalmente con el deporte, el entrenamiento o la necesidad de mejorar nuestra condición física.

Sin embargo, hoy sabemos que el movimiento tiene un significado mucho más profundo.

Caminar, subir una escalera, levantarnos de una silla, trabajar, jugar, agacharnos, mantener el equilibrio o simplemente cambiar de posición son expresiones de una capacidad esencial de nuestro organismo: movernos e interactuar con nuestro entorno.

Desde la kinesiología y las ciencias del movimiento entendemos que conservar esa capacidad a lo largo de la vida constituye uno de los pilares de nuestra salud y autonomía.

El organismo humano está preparado para recibir estímulos, adaptarse y responder. Una parte importante de esos estímulos llega a través del movimiento.

Una idea para recordar
El movimiento no es solamente una consecuencia de estar sano.

También contribuye a construir y conservar salud.

El movimiento es mucho más que ejercicio

Cuando hablamos de movimiento es importante diferenciar algunos conceptos.

Actividad física es cualquier movimiento corporal producido por los músculos que requiere gasto de energía.

Ejercicio físico, en cambio, es una forma planificada, estructurada y repetitiva de actividad física orientada a mejorar o mantener uno o más componentes de la aptitud física.

Esto significa que podemos aumentar nuestra actividad física sin necesidad de realizar siempre un programa formal de entrenamiento.

Caminar unas cuadras, utilizar las escaleras, levantarnos periódicamente cuando trabajamos sentados, realizar tareas domésticas, jugar, trasladarnos caminando o simplemente movernos más durante el día también cuenta.

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud remarcan justamente este concepto: toda actividad física cuenta, realizar algo es mejor que no realizar nada y las personas inactivas pueden comenzar con pequeñas cantidades y progresar gradualmente.

En pocas palabras

Todo movimiento suma.

No hace falta ser deportista para incorporar más actividad física.

Empezar por poco también es empezar.

Nuestro organismo tiene capacidad de adaptación

Una de las características más importantes del cuerpo humano es su capacidad de responder y adaptarse a diferentes estímulos.

Los músculos pueden modificar su capacidad para producir fuerza. El sistema cardiovascular puede mejorar su respuesta frente al esfuerzo. El sistema nervioso aprende y perfecciona habilidades motoras. El equilibrio, la coordinación, la resistencia y otras capacidades físicas también pueden entrenarse.

En otras palabras, nuestro organismo cambia en relación con los estímulos que recibe.

Cuando utilizamos regularmente nuestras capacidades físicas, generamos estímulos que favorecen su mantenimiento y desarrollo. Por el contrario, períodos prolongados de inactividad pueden contribuir a una pérdida de capacidad física.

Por eso, desde una mirada kinésica, el movimiento no debería entenderse solamente como una consecuencia de estar saludable.

También es una herramienta para estimular y conservar capacidad funcional.

Capacidades
Fuerza.
Movilidad.
Equilibrio.
Coordinación.
Resistencia.
Autonomía.

¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando nos movemos?

Aunque una caminata pueda parecernos una acción sencilla, para realizarla nuestro organismo coordina simultáneamente múltiples sistemas.

  • El sistema cardiovascular ajusta su funcionamiento a las necesidades de los tejidos.
  • Los músculos producen, absorben y controlan fuerzas.
  • Las articulaciones se desplazan y reciben cargas.
  • El sistema nervioso organiza y ajusta continuamente el movimiento.
  • Los sistemas sensoriales aportan información sobre nuestro cuerpo y el entorno.
  • La respiración se adapta a las demandas metabólicas.
  • El equilibrio se reajusta permanentemente para mantener nuestra estabilidad.

Por eso, hablar de movimiento no significa hablar solamente de músculos y articulaciones.

El movimiento involucra al organismo como un sistema integrado.

Movimiento, salud y riesgo de enfermedad

La relación entre actividad física y salud ha sido estudiada en millones de personas.

Un gran metaanálisis publicado en el British Journal of Sports Medicine reunió 196 artículos correspondientes a 94 cohortes y más de 30 millones de participantes.

En estos estudios poblacionales, mayores niveles de actividad física no ocupacional se asociaron con menor riesgo de mortalidad por todas las causas, enfermedad cardiovascular y diversos resultados relacionados con cáncer.

La relación observada fue no lineal: las diferencias relativas de riesgo fueron mayores al comparar personas con niveles muy bajos de actividad con personas que realizaban cantidades moderadas.

Esto deja un mensaje especialmente relevante para la prevención:

para una persona poco activa, aumentar aunque sea modestamente su nivel de actividad puede ser significativo.

Evidencia científica
+30 millones

de participantes incluidos en el metaanálisis de Garcia y colaboradores.


Los resultados muestran asociaciones poblacionales; no significan que una cantidad determinada de ejercicio garantice un resultado individual.

¿Cuánto movimiento recomienda la OMS?

Como referencia de salud pública para los adultos, la Organización Mundial de la Salud recomienda:

150–300 min de actividad física aeróbica de intensidad moderada por semana.
75–150 min de actividad física aeróbica vigorosa, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa.
2 días o más de actividades de fortalecimiento muscular de intensidad moderada o mayor que involucren los principales grupos musculares.

La OMS también recomienda limitar el tiempo sedentario y reemplazar parte de ese tiempo por actividad física de cualquier intensidad, incluida la actividad ligera.

Estas cifras son recomendaciones poblacionales, no un requisito previo para comenzar a obtener beneficios. Para quien actualmente se mueve poco, la recomendación es comenzar con cantidades pequeñas y aumentar gradualmente frecuencia, intensidad y duración.

Caminar también cuenta

Caminar es una de las formas más accesibles de incorporar actividad física a la vida cotidiana.

Un metaanálisis publicado en The Lancet Public Health reunió datos individuales de 15 cohortes internacionales, con 47.471 adultos.

Los investigadores observaron que una mayor cantidad de pasos diarios se asociaba con un riesgo progresivamente menor de mortalidad por todas las causas, hasta niveles que variaban según la edad.

En personas de 60 años o más, la curva tendió a estabilizarse aproximadamente entre los 6.000 y 8.000 pasos diarios. En menores de 60 años, aproximadamente entre los 8.000 y 10.000 pasos diarios.

Esto no significa que 6.000, 8.000 o 10.000 pasos constituyan una prescripción universal.

Tampoco significa que exista una frontera exacta entre una cantidad de pasos “mala” y otra “buena”.

Lo que muestra el estudio es una relación gradual: más pasos diarios se asociaron con menor riesgo de mortalidad, y el patrón observado varió con la edad.

Importante
6.000–8.000

fue aproximadamente el rango donde la asociación tendió a estabilizarse en mayores de 60 años en este estudio.


No es una prescripción ni un objetivo obligatorio.

¿Y pasar muchas horas sentado?

Actividad física y comportamiento sedentario son conceptos relacionados, pero no idénticos.

Una persona puede realizar una sesión de ejercicio y, al mismo tiempo, acumular muchas horas sentada durante el resto del día.

La OMS señala que mayores cantidades de comportamiento sedentario se asocian con resultados adversos de salud y recomienda limitar el tiempo sedentario.

También indica que reemplazar parte de ese tiempo por actividad física de cualquier intensidad, incluso ligera, aporta beneficios.

Por eso no solamente importa si hacemos ejercicio.

También importa cuánto movimiento incorporamos al conjunto de nuestra jornada.

Vida cotidiana
No pensemos únicamente en “la hora de ejercicio”.

Pensemos también en cómo nos movemos durante el resto del día.

La fuerza también forma parte de la salud

La fuerza muscular no es una capacidad reservada al deporte.

La utilizamos para levantarnos de una silla, subir escaleras, cargar objetos, caminar, incorporarnos del suelo y responder ante diferentes demandas de la vida cotidiana.

Por este motivo, las recomendaciones internacionales incluyen actividades de fortalecimiento muscular además de la actividad aeróbica.

Conservar fuerza contribuye a conservar función.

Movimiento, equilibrio y autonomía

Con el paso de los años pueden producirse cambios en diferentes capacidades físicas, entre ellas fuerza, resistencia, movilidad, equilibrio y coordinación.

Sin embargo, muchas de estas capacidades continúan respondiendo al entrenamiento y a la práctica.

Para los adultos mayores, las directrices de la OMS recomiendan además actividad física multicomponente que enfatice el equilibrio funcional y el entrenamiento de fuerza con el objetivo de mejorar la capacidad funcional y ayudar a prevenir caídas.

Desde una mirada preventiva, esto tiene enorme importancia.

El objetivo no debería ser solamente vivir más años.

También debería ser conservar durante el mayor tiempo posible la capacidad de caminar, salir, subir escaleras, realizar actividades y mantener autonomía.

Autonomía
No se trata solamente de sumar años.

Se trata también de conservar capacidad.

El movimiento también se relaciona con la salud mental

Los beneficios asociados con la actividad física no se limitan al sistema musculoesquelético o cardiovascular.

Las directrices de la OMS reconocen beneficios de la actividad física sobre diferentes aspectos de la salud mental, cognitiva y del sueño.

Además, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Psychiatry, que incluyó 15 estudios prospectivos y 191.130 participantes, encontró una asociación inversa entre el nivel de actividad física y el riesgo de desarrollar depresión.

Los autores observaron asociaciones favorables incluso con niveles de actividad inferiores a las recomendaciones generales de salud pública.

Nuevamente, esto no significa que la actividad física sea una garantía individual ni que reemplace tratamientos específicos.

Significa que mantenerse físicamente activo forma parte de un enfoque integral de salud.

Moverse no significa ignorar el dolor

Que el movimiento sea importante para la salud no significa que cualquier actividad, realizada en cualquier cantidad y bajo cualquier circunstancia, sea adecuada para todas las personas.

Cada persona presenta una combinación particular de edad, experiencia, nivel de actividad, fuerza, movilidad, antecedentes, estado de salud y objetivos.

Por eso el movimiento debe acompañarse de otro concepto fundamental: individualización.

Cuando existe dolor persistente, una lesión, una enfermedad o una limitación funcional, puede ser necesario evaluar la situación y adaptar las actividades.

El objetivo no necesariamente es dejar de moverse.

Muchas veces consiste en encontrar una forma apropiada de continuar haciéndolo.

Individualizar

La cantidad, intensidad, tipo de actividad y progresión deberían contemplar las características y capacidades de cada persona.

Prevenir no significa evitar toda carga

Cuando hablamos de prevención existe una confusión frecuente.

Prevenir no significa construir una vida en la que el cuerpo nunca reciba esfuerzo.

Nuestro organismo necesita estímulos para conservar y desarrollar capacidades.

Los músculos necesitan producir fuerza. El sistema cardiovascular necesita responder a distintas demandas. El equilibrio necesita ser desafiado. La coordinación necesita practicarse.

Una manera sencilla de pensarlo es observar la relación entre las demandas que enfrenta una persona y su capacidad para responder a ellas.

Una forma sencilla de entenderlo
DEMANDA
↕
CAPACIDAD

Una parte importante de nuestra capacidad física puede desarrollarse mediante estímulos adecuados y progresivos.

No existe un movimiento perfecto para todos

Los seres humanos somos variables.

No caminamos exactamente igual, no corremos exactamente igual y no tenemos las mismas proporciones corporales, experiencias ni capacidades.

Nuestro movimiento tampoco permanece idéntico durante toda la vida.

Por eso, evaluar el movimiento no debería reducirse a buscar una postura o una técnica universalmente perfecta.

Resulta más útil comprender cómo se mueve una persona, qué demandas enfrenta, qué dificultades presenta y qué capacidades necesita desarrollar.

La prevención puede empezar antes del problema

Muchas personas conocen la kinesiología después de una lesión o cuando el dolor comienza a limitar alguna actividad.

Sin embargo, la kinesiología también puede intervenir desde una perspectiva preventiva.

Evaluar el movimiento, trabajar fuerza, movilidad, equilibrio y coordinación, promover actividad física y acompañar progresiones son herramientas que pueden contribuir a desarrollar y conservar capacidad funcional.

Esta mirada no pretende prometer que una persona nunca tendrá dolor o una lesión. Ninguna estrategia puede garantizarlo.

Busca algo más realista:

favorecer que cada persona disponga de mejores recursos para mantenerse activa, funcional y autónoma.

Kinesiología preventiva
Cuidar el movimiento no tiene por qué comenzar solamente cuando aparece un problema.

¿Por dónde empezar?

No es necesario cambiar todo de un día para otro.

Una estrategia sostenible puede comenzar con decisiones sencillas:

Moverse un poco más Si actualmente hacés poco, pequeñas cantidades de actividad también cuentan.
Interrumpir el sedentarismo Levantarse y sumar momentos de movimiento durante jornadas prolongadas sentado.
Trabajar fuerza El fortalecimiento forma parte de las recomendaciones de actividad física.
Conservar equilibrio y movilidad Son capacidades importantes para desenvolvernos en la vida cotidiana.
Elegir algo sostenible Buscar actividades que podamos incorporar de manera regular.
Progresar gradualmente Aumentar las demandas de acuerdo con nuestras capacidades y experiencia.

El movimiento que podemos sostener

Una estrategia de salud no debería comenzar necesariamente preguntando cuál es el ejercicio perfecto.

Quizás una pregunta más útil sea:

¿Qué formas de movimiento puedo incorporar a mi vida y mantener en el tiempo?

Para algunas personas será caminar. Para otras, entrenar fuerza, andar en bicicleta, nadar, bailar, practicar un deporte, realizar actividades recreativas o recuperar movimientos cotidianos que habían abandonado.

No existe una única respuesta válida para todos.

Lo importante es comprender que el movimiento puede construirse progresivamente y formar parte de nuestra vida cotidiana.

MOVERSE ES SALUD.Prevenir también es moverse.

Fuentes y evidencia científica

World Health Organization. WHO Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour. Geneva: World Health Organization; 2020.
Consultar fuente oficial de la OMS

Garcia L, Pearce M, Abbas A, et al. Non-occupational physical activity and risk of cardiovascular disease, cancer and mortality outcomes: a dose-response meta-analysis of large prospective studies. British Journal of Sports Medicine. 2023;57:979–989. DOI: 10.1136/bjsports-2022-105669.
Consultar artículo científico

Paluch AE, Bajpai S, Bassett DR, et al. Daily steps and all-cause mortality: a meta-analysis of 15 international cohorts. The Lancet Public Health. 2022;7:e219–e228. DOI: 10.1016/S2468-2667(21)00302-9.
Consultar registro en PubMed

Pearce M, Garcia L, Abbas A, et al. Association Between Physical Activity and Risk of Depression: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA Psychiatry. 2022;79:550–559. DOI: 10.1001/jamapsychiatry.2022.0609.
Consultar registro en PubMed

Información importante: Este contenido tiene fines educativos y de promoción de la salud y no reemplaza una evaluación profesional individual. Las recomendaciones generales de actividad física deben adaptarse a las características, capacidades y condiciones de cada persona. Ante dolor persistente, lesión, enfermedad o limitaciones funcionales, se recomienda consultar con un profesional de la salud.